Una musa con botines

El fútbol no sólo es un deporte que implica ir tras una pelota, se vive de diferentes maneras y se expresa de múltiples formas. Una bastante significativa es la poesía. En diálogo con el poeta Manuel Podestá, recreamos a través de sus versos, el juego que genera pasiones.

Palabras sueltas o encadenadas, figuras de lo imaginario, reales o de fantasía, constituyen el mundo de los sentimientos expresados en versos que constituyen la poesía, la cual siempre tiene una musa. En este caso la musa es el fútbol que inspira las estrofas que escribe el poeta Manuel Podestá, nacido el 8 de marzo de 1984 en La Paz, Entre Ríos, y que a fines de 2009 público el libro de poemas Uruguayita, en la editorial Eloísa Cartonera, de Buenos Aires.
Manuel Podestá


Detrás de unas pestañas tupidas y con mirada de niño pícaro, Manolo, que así le gusta que lo llamen, con una amplia sonrisa comentó lo que significa el fútbol para él: "Pensándolo bien, creo que el fútbol representa muchas cosas importantes en mi modo de ser. Ver fútbol, jugar fútbol y escribir sobre fútbol determina directamente mis decisiones cotidianas. Cuando era más chico prácticamente el único juego al aire libre que me gustaba hacer era patear una pelota. Así sea solo contra una pared o con 21 amigos del barrio y de la escuela, jugar a la pelota era una alegría constante. Hoy, ya un poquito más grande, le doy otros sentidos al fútbol. Me gusta analizar detenidamente las condiciones de producción del fútbol, los sentidos que se generan a partir del fútbol mundial, la relación entre los medios de comunicación y los partidos de ligas súper profesionales. Siempre disfrutando mucho de mirar cada encuentro futbolero.

Yo era el Enzo

Me acuerdo cuando me creía que era el Enzo.
En los partiditos del polideportivo
yo volaba por los aires como el uruguayo
y miraba al cielo, como él, gritando los goles.
Cómo él, paraba de pecho la pelota y observaba alrededor
procurando pasarla al jugador más cercano.
Aunque a veces, confieso,
buscaba el ángulo más lejano del arquero,
sólo pa que se revuelque.
Todos sabían que a mi me gustaba el Enzo.
Me acuerdo cuando me compré
la camiseta original de riverpleit.
A los partiditos del poli yo la llevaba
y más me parecía al Príncipe.
Veía sus goles por televisión
para ver cómo le hablaba a la pelota
y para escuchar qué les decía a todos con su cuerpo.
Festejaban los árbitros
cuando el Flaco metía tremendos goles
y gritaban ¡uruguayo, uruguayo! los hinchas de la banda.
Todas las noches, escuchando los relatos de Víctor Hugo,
me dormía con lágrimas soñando ser Francescoli.
Fotografía tomada por Manuel Podestá


Cuando se indaga por el rincón en el que confluyen pasión y literatura, el poeta expresa "En primer lugar, escribir sobre fútbol en general –no sólo desde la poesía- me produce mucha alegría. Es un trabajito que requiere mucho esfuerzo del pensamiento para reflexionar sobre los detalles que construyen el fútbol: su historia, cómo miran los medios de comunicación al fútbol, los hechos culturales que rodean al fútbol. Particularmente, los poemas que pude escribir sobre el fútbol más que nada hacen referencia a alguna de las caras que el fútbol tuvo para mi infancia y para mi adolescencia. Escribir poemas en general es ante todo un entretenimiento y momento para recordar todo lo bello que significó el fútbol durante mi niñez, que recuerdo con mucha alegría".

Y ya habiendo recorrido un abanico de tópicos sobre las experiencias personales sobre el fútbol, a la pregunta sobre la vivencia del Mundial en un país futbolero como el nuestro, luego de meditar unos segundo Manolo responde " Creo que un país muy futbolero como Argentina cada partido se vive con mucha pasión. Está clarito que ningún otro deporte logra suscitar la cantidad de hechos e ideas que genera el fútbol en los hinchas. Más allá de las diferencias que significa ver un partido en una cancha y ver un partido por televisión, en general la pasión es igual de intensa, tanto en la victoria como en la derrota. Cuando se acercan las épocas de mundiales, la emoción por ver los partidos de la selección argentina y de otras selecciones se percibe en cada hogar, en los lugares de trabajo, en la calle, y en las escuelas y colegios de todo el país."

90 minutos

90 minutos.
El juez cobra penal,
entonces comienza la batalla.
Los nenes de 15 años se agarran a trompadas.
Se pegan, se dan por los rostros, un poco se acarician.
Se rasguñan.
Nadie los puede parar.
Son pibes de River y de Boca jugando por jugar.
Patadas voladoras, entra el único cana
del estadio sin plateas ni populares.
Los familiares desesperan. Gritan.
La cámara de teve registra todo. De a poco
se separan. Todo concluye.
Los árbitros del match discuten, intercambian,
hablan, y deciden: todos afuera del campo de juego.
Hecho inédito.
Sólo dos quedan: el arquero bostero, el delantero gallina.
Nadie más que ellos dos.
La autoridad pita, carrera veloz, uno, dos, tres pasos;
ahí está, tira y es gol.
El pibito grita, se saca la casaca.
Festeja sólo.
Felicidad para unos;
tristeza para otros;
honor para ellos;
infamia para los otros.

Se puede visitar el Blog de Manuel Podestá clickeando aquí

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