Entrevista a Gabriel Kaplún

Un material es educativo, si cumple alguna función en un proceso de aprendizaje

En dialogo con @prender, el destacado comunicador uruguayo Gabriel Kaplún recuperó nociones nodales de su marco teórico-conceptual acerca de la producción de materiales educativos y brindó nuevas dimensiones para pensar hoy, esta desafiante tarea.


¿Cuál es su visión acerca de los materiales educativos?

En principio, me parece, vale la pena ubicar qué cosa es un material educativo y, en este sentido podemos decir que un material es educativo si cumple alguna función en un proceso de aprendizaje.

No obstante, esta condición central no siempre se cumple en muchos materiales que dicen ser educativos y esto se da en varios sentidos. Por un lado, hay materiales que dicen ser educativos pero no lo son, puesto que tienen un lenguaje o una lógica muy distinta a la de aquellos que van a usar a ese material. Por otro lado, nos encontramos con el problema de si efectivamente ese material se inserta dentro de un proceso educativo, ya que muchos de los materiales se producen sobre un imaginario de uso que no existe.

El uso es muy central porque también nos ayuda a definir lo que es un material educativo. Existen recursos que uno no los llamaría materiales educativos pero que, sin embargo, cumplen una función importante en un proceso de aprendizaje y esto, les atribuye ese carácter pedagógico.

Estos materiales que no son intencionalmente educativos, creo, nos podrían enseñar mucho sobre cómo hacer esos materiales que sí les llamamos educativos. Estos otros recursos, suelen ser generadores de una discusión, disparadores de la imaginación, suelen tener un alto grado de ficción y de poesía, algo que el material educativo más típico no suele tener. Por ello considero que sigue siendo válido y útil, no sólo contar con el apoyo y la ayuda de buenos cuentos o buenas películas, sino también tomar como referencia esos libros, esos relatos, esos poemas, al momento de producir un material con intencionalidad educativa.



¿Cuáles son las dimensiones para abordar el proceso de producción de materiales educativos?

Esta segunda cuestión, tiene que ver con las lógicas de producción. Hubo un momento en el que se configuraron algunas lógicas de cadenas de producción que resultan un poco problemáticas ya que dividen el contenido, la forma de ese contenido y la dimensión técnica según el medio que se vaya a emplear para producir el material.

Cada una de estas aristas es parte de una cadena de producción que va armándose en sucesivos pasos y esta modalidad de realización, en realidad, empobrece mucho el producto final porque no hay una separación posible, o por lo menos no es bueno que exista una separación entre contenido y forma por un lado, entre la fuerza narrativa de un material y su capacidad pedagógica. Son aspectos distintos, pero que necesariamente deben estar asociados si se quiere que la capacidad pedagógica de ese material realmente exista. De lo contrario, lo único que hacemos es sumarle narrativadad o poesía a algo que ya fue pensado antes. En cambio, debe haber un espiral, un nexo, un ida y vuelta que es necesario para lograr buenos materiales, porque si estas dimensiones se distancian y se separa el contenido como algo puro y diferente, estamos frente a un problema complicado.

Esta separación, que es de la producción, termina teniendo una compleja incidencia en el producto también. En este enfoque de la producción, hay alguien que piensa el contenido y otro se va a limitar a traducirlo pedagógicamente y otro le va a dar una forma comunicacional y otro le va a poner imágenes. Pero en esta lógica qué pasa si el que va a plantear la cuestión pedagógica descubre, por ejemplo, que aquellos a los que el material se dirige tienen preocupaciones distintas a las de quien elaboró el contenido ¿Qué hacemos?¿Repensamos el contenido? ¿Y si no hay una posibilidad de vuelta atrás? ¿Entonces qué pasa? Y estos planteos se presentan también en el resto de la cadena, todo el tiempo. Por ejemplo, si un relato potente no puede movilizar lo que se pensó pedagógicamente y el planteo del contenido ¿Qué hacemos? O si después no tenemos las imágenes pensadas pero sí tenemos otras ¿Qué hacemos? Por eso me parece que las lógicas productivas separadas y en cadena, son complicadas para la integralidad de un buen material.


¿Cuál es el punto de partida para la producción de un material educativo?

En relación con esto, es interesante plantear también una tercera cuestión vinculada a la producción de materiales educativos pensada desde tres ejes: el eje temático, el eje pedagógico y el eje comunicacional, dónde para mí, el central es el pedagógico. Esta mirada se conecta con lo anteriormente planteado respecto del problema de los usos. Es decir, el centro está o debe estar en ese otro o en esos otros; ese debería ser el punto de partida de cualquier material educativo. Pero lamentablemente, suele no ser éste el punto de partida. En general, la producción de un material parte de la pregunta ¿Qué contenido tengo? Particularmente me parece que es importante considerar los dos, tener en cuenta qué contenido tengo y quiénes son esos otros a los que se va a dirigir ese contenido(...)

El desarrollo de un material educativo debe partir del análisis de una necesidad comunicacional, pero ésta no puede, automáticamente, convertirse en un medio. Para analizar esto, particularmente, me baso bastante en la distinción que efectúa Manfred Max-Neef entre necesidad y satisfactor.

Max-Neef trabaja sobre un esquema de necesidades humanas muy interesante. Él plantea que las necesidades son antropológicas y los satisfactores son culturales. Las necesidades son para todos los seres humanos iguales; lo cual es una afirmación fuerte y discutible, puesto que habría que profundizar a qué le llama necesidades. Las necesidades no son nunca objetos. Los objetos son satisfactores, o no, de una necesidad y habrá que ver cómo satisfacen, si satisfacen, de qué modo satisfacen una necesidad concreta y no son sólo objetos.

Max-Neef hace un listado completo de nueve necesidades que tienen que ver con la vida, entre las que no incluye la comunicación; que es una necesidad que yo incorporaría como la necesidad número diez. Así, si la comunicación es una necesidad definamos entonces qué es comunicación y definamos también qué es una necesidad de comunicación.

A partir de esto, configuro el siguiente razonamiento: si comunicación es producción de vínculos y sentidos, cuando existe una necesidad de comunicación hay necesidad de alguna de las siguientes dos cosas: o bien hay un vínculo que no existe o se rompió y se quiere construir o reconstruir, este es un tipo de necesidad posible. O bien, hay un sentido que no está claro o que no es compartido y compartido, en el siguiente doble sentido: no se está de acuerdo entre los que quieren producirlo u otros no lo conocen y quieren compartirlo.

Este es el marco teórico que me fui inventando acerca de qué es comunicación y qué es una necesidad de comunicación. Por ello, lo que tenemos que ver cada vez que alguien dice “yo necesito un video” o “yo necesito tal o cual material”, lo que tenemos que analizar es cuáles son los vínculos que se quieren construir o reconstruir y/o –porque pueden ser las dos cosas a la vez- cuáles son los sentidos que se quieren producir, clarificar o compartir. Una vez que se ha aclarado esto se verá si lo que se “necesita” es un video o un determinado material. Porque en el esquema de Max-Neef, y acá vuelvo a él, los objetos pueden ser satisfactores de una necesidad pero los satisfactores cambian con cada cultura, con cada tiempo, con cada comunidad. Además, los satisfactores pueden ser discutibles y existen también muchos pseudosatisfactores incluso, dice él, hay insatisfactores; cosas que parecen satisfacer una necesidad y la dejan más insatisfecha que antes y esto, muchas veces pasa con los materiales educativos.

Por otra parte, Max-Neef agrega que toda necesidad tiene siempre cuatro dimensiones: la del tener, la del estar, la del hacer y la del ser. Esto, llevado a la comunicación implica; respecto a la dimensión del tener: tener materiales, tener medios, tener tecnologías, etc. es decir; tener objetos.

Por su parte, la dimensión del estar es la que tiene que ver con los espacios y los tiempos: necesitamos encontrarnos, estar juntos, por ejemplo, tiene que haber reuniones, deberíamos tener una coordinación, etc.; esto es una necesidad de comunicación en la dimensión del estar. El hacer va de la mano del estar, porque muchas veces nos juntamos pero no logramos producir, no logramos hacer mucho, hay reuniones pero no son útiles, entonces es el hacer lo que está en cuestión. Finalmente la dimensión del ser, se vincula con el hecho de identificar que: no somos muy expresivos, no somos muy receptivos, no logramos comunicarnos bien, no logramos escuchar en serio al otro; hay cosas relativas al cómo somos que quisiéramos cambiar para poder comunicarnos mejor. Por eso, el problema cuando alguien dice “yo necesito un video”, en principio, es que sólo se está refiriendo a un satisfactor y no hay un análisis detrás de eso de cuáles son los vínculos y cuáles son los sentidos que se quieren producir a través de ese material. Se centra sólo la atención en la dimensión del tener y nada más.

Ésta es otra mirada sobre la cuestión no ya directamente sobre los materiales educativos pero que los pone en juego en un esquema mucho más amplio. Un material, muchas veces, lo que atiende es la dimensión del tener y no atiende las otras. En realidad, lo que tenemos que mirar es el uso concreto; ahí sí estaremos analizando también la dimensión del estar, del hacer y, eventualmente incluso, la del ser. Sino miramos eso y miramos sólo el tener, sólo los materiales, los objetos concretos y no atendemos al problema de qué sentidos y qué vínculos se quieren producir, en realidad, estamos respondiendo con un satisfactor que atiende a una sola dimensión y que no ha pensado o tenido en cuenta cuál es la necesidad comunicacional que está en juego.

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